Tras más de un día de angustia e incertidumbre, la provincia de Córdoba finalmente recuperó la tranquilidad este martes por la tarde con el hallazgo con vida de L.B, la adolescente de 15 años que había desaparecido en Colonia Caroya. La noticia fue confirmada inicialmente por el Ministro de Seguridad provincial, Juan Pablo Quinteros, quien aseguró que la joven se encontraba sana y salva tras haber permanecido fuera de su hogar por aproximadamente 28 horas. Este desenlace positivo puso fin a un operativo de búsqueda que escaló rápidamente a nivel nacional mediante la activación del protocolo Alerta Sofía, el sistema de difusión urgente para menores en riesgo. Una vez localizada, la menor fue trasladada de inmediato a un centro asistencial en Jesús María para ser sometida a controles médicos de rutina y evaluar su estado general antes de reencontrarse definitivamente con su familia. El hallazgo se produjo en una vivienda deshabitada situada en la localidad de Jesús María, a tan solo seis kilómetros del punto donde Luciana fue vista por última vez el lunes al mediodía. Curiosamente, la propiedad donde se refugiaba la adolescente se encuentra ubicada justo frente al edificio de los Tribunales, en una zona caracterizada por el constante tránsito de personas y vehículos. El secretario de Gobierno de Colonia Caroya, César Seculi, precisó en declaraciones públicas que el lugar del encuentro era una estructura abandonada, lo que inicialmente dificultó su localización a pesar de la cercanía con el centro urbano. Este detalle del lugar exacto del hallazgo surgió tras diversas versiones que inicialmente sugerían que la joven podría haber estado en la terminal de ómnibus local, hipótesis que fue descartada al momento de su efectiva recuperación. Al momento de ser interceptada por las fuerzas de seguridad, L.B se encontraba acompañada por otro adolescente de 16 años, quien también reside en la zona de Colonia Caroya. Cabe recordar que el rastro de la joven se había perdido el lunes tras salir de su colegio, momento en el que habitualmente solía esperar a su hermana en una parada de colectivos cercana para regresar juntas a su casa. En esta ocasión, cuando su familiar salió de clases, L.B ya no se encontraba en el lugar pactado, lo que encendió las alarmas de su madre y padrastro de manera inmediata. Antes de su desaparición, algunos testigos la vieron ingresar rápidamente al baño de la institución y luego retirarse, siendo captada posteriormente por cámaras de seguridad caminando hacia una estación de servicio cercana donde finalmente se perdió su rastro. La magnitud de la búsqueda reflejó la gravedad con la que las autoridades tomaron el caso, desplegando un megaoperativo que involucró a 90 efectivos policiales y 25 móviles terrestres en distintos puntos de la región. El rastrillaje incluyó el uso de tecnología avanzada como drones y helicópteros, además de la participación activa de perros adiestrados y equipos especializados en la búsqueda de personas desaparecidas. Según analizaron expertos en seguridad, la rapidez y contundencia de la respuesta policial estuvo fuertemente influenciada por el reciente y trágico caso de Agostina, ocurrido apenas quince días antes en la misma zona. Esta experiencia previa motivó una activación inmediata de todos los protocolos vigentes para evitar un desenlace fatal y asegurar la protección de la menor, logrando resultados positivos en un tiempo crítico. Durante las horas de mayor incertidumbre, los investigadores centraron sus esfuerzos en el análisis de las comunicaciones de la joven, cuyo teléfono celular se había apagado poco después de salir del colegio y no volvió a emitir señal alguna. Asimismo, se detectó que sus cuentas en redes sociales como Instagram y TikTok fueron cerradas, lo que aumentó la preocupación de su círculo íntimo ante la posibilidad de una desaparición forzada. Andrea, la hermana mayor de la adolescente, relató públicamente la desesperación que vivieron y mencionó que el novio de Luciana inicialmente negó tener conocimiento de su paradero antes de bloquear su propio teléfono por temor o confusión. A pesar de que la joven tiene 15 años, su apariencia física es de una edad menor y posee una personalidad introvertida, factores que fueron determinantes para difundir su imagen masivamente durante las horas críticas. En cuanto a la derivación legal del caso, la Justicia ha optado por un manejo de extrema cautela y reserva debido a que los protagonistas involucrados son menores de edad. Las autoridades han catalogado el suceso, en esta instancia final, como una situación perteneciente al ámbito estrictamente privado y familiar, especialmente al no haberse detectado inicialmente un delito que haya dañado la integridad de la joven. La Fiscalía de Instrucción de Jesús María continuará con las actuaciones correspondientes para formalizar el cierre de la causa y brindar las precisiones necesarias sobre las circunstancias exactas del hecho. Al confirmarse que Luciana se encuentra en buen estado, el operativo público y periodístico se ha dado por concluido, permitiendo que la resolución de los conflictos internos se gestione ahora en el seno familiar y judicial pertinente para resguardar la intimidad de los menores. 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