La investigación penal preparatoria sobre el brutal femicidio de Agostina, la adolescente de 14 años cuyo crimen ha conmocionado a la opinión pública, ha tomado un rumbo determinante con la detención de Soledad Andreani. Esta mujer, quien mantuvo una relación sentimental con el principal sospechoso, Claudio Barelier, y que conservaba con él un estrecho vínculo de amistad, ha sido imputada por el delito de encubrimiento doblemente agravado. Según las declaraciones del Dr. Carlos Nayi, abogado representante de una parte de la familia de la víctima, existen evidencias contundentes que sugieren que Andreani no solo conocía la comisión del crimen, sino que habría proporcionado el apoyo logístico esencial para intentar desviar la acción de la justicia y deshacerse de los restos de la joven. La dinámica del hecho, descrita como sumamente violenta y cruel, revela un escenario donde el asesinato fue seguido por el desmembramiento del cuerpo, en un claro contexto de violencia de género que cercó a los hoy detenidos. Uno de los puntos más críticos que complican la situación procesal de Andreani es la facilitación de su vehículo personal, un Ford Ka, para el traslado del cuerpo. Según los informes preliminares de la autopsia, la muerte de Agostina se habría producido entre las últimas horas del sábado 23 y las primeras del domingo 24. El 25 de mayo, en una ventana horaria situada entre las 11:45 y las 12:15, el vehículo de Andreani habría sido utilizado para trasladar los restos desmembrados de la víctima a lo largo de 17 kilómetros, hasta ser depositados en un predio de 240 hectáreas. Para la querella, es imposible que la mujer desconociera que el radar de la justicia ya estaba acorralando a Barelier, dado que para ese entonces ya circulaban imágenes de cámaras de seguridad que lo vinculaban con la desaparición de la menor. Además, se investiga si el automóvil fue lavado posteriormente con el objetivo deliberado de borrar evidencias biológicas y «desmalezar el camino» de cualquier rastro que pudiera comprometer al femicida. La participación de Soledad Andreani habría ido más allá de la logística física, extendiéndose a una manipulación psicológica y estratégica del entorno de la víctima. El Dr. Nayi denunció que, durante la tarde del 25 de mayo, Andreani estuvo presente cuando el padre biológico de Agostina, el señor Vega, se entrevistó con Barelier para pedirle explicaciones. En ese encuentro, mientras Barelier intentaba mostrarse como un hombre «afable y encantador» para convencer al padre de su inocencia, Andreani habría sido la encargada de «darle el libreto» y apuntalar una mentira diseñada para sembrar impunidad. Ante las frases inconexas o lapsus lingüísticos del sospechoso, la mujer intervenía para sostener la coartada, demostrando una frialdad absoluta frente al dolor de un padre que buscaba desesperadamente a su hija, quien para ese momento ya había sido asesinada y trasladada. La investigación también ha puesto bajo la lupa las flagrantes mentiras de Claudio Barelier, las cuales Andreani habría ayudado a sostener. Un material videográfico clave, captado por una cámara de seguridad frente al domicilio de la calle Juan del Campillo, mostró el ingreso de una persona que nunca volvió a salir de la vivienda. Barelier intentó engañar a la justicia y a la sociedad alegando que quien ingresaba era su propia hija de 11 años; sin embargo, las pruebas indican que se trataba de Agostina. Andreani, por su relación cercana con el victimario, sabía perfectamente que esa persona no era la hija de Barelier, participando activamente en el ocultamiento de la identidad de la joven captada por las cámaras. Este engaño inicial fue fundamental para ganar tiempo antes de que los investigadores lograran centrar sus sospechas en el domicilio donde finalmente se habría perpetrado el ataque. El perfil de Claudio Barelier, tal como lo describe la querella, revela un patrón de conducta depredador que ya contaba con antecedentes alarmantes. En mayo de 2015, el sospechoso habría protagonizado un ataque similar contra otra víctima, quien logró sobrevivir únicamente gracias a su contextura física y edad. Agostina, de apenas 14 años, no tuvo la misma suerte ante la dinámica de asalto criminal y engaño que Barelier utilizó para capturarla. Esta historia previa de violencia refuerza la hipótesis de un victimario que operaba con un «modus operandi» definido y que, en esta ocasión, contó con un equipo de trabajo primario compuesto por Osvaldo Facete y Soledad Andreani para intentar encubrir las huellas de un crimen que marca una secuencia de horror imposible de reducir a la intervención de una sola persona. Un aspecto que la justicia busca esclarecer con urgencia es el motivo detrás del asesinato, bajo la sospecha de que podría tratarse de un homicidio criminis causa. El Dr. Nayi sugiere que, basándose en el «sentido común en estado de pureza», la decisión de eliminar a la víctima y desmembrar su cuerpo podría estar motivada por la necesidad de lograr la impunidad tras la comisión de otro delito previo, posiblemente de índole sexual. Si la víctima hubiera quedado con vida, representaba un riesgo extremo para el agresor, ya que podría haber denunciado el hecho de inmediato ante las autoridades o su familia. Aunque estas son especulaciones que dependen de la confirmación final de la autopsia, la mecánica de la muerte sugiere que el victimario buscó silenciar permanentemente a Agostina para evitar las consecuencias legales de sus actos iniciales. La complejidad del caso sugiere que la lista de responsables podría no agotarse con los tres detenidos actuales. La propiedad de Juan del Campillo, donde se produjeron los hechos, no era habitada únicamente por Barelier y su hija menor de edad. Se ha identificado que en la planta alta residía un matrimonio, y la querella ha solicitado pericias sonoras y acústicas para determinar si los ruidos de una secuencia violenta, como la que debió ocurrir dada la resistencia que ofreció el cuerpo de la adolescente (donde se hallaron señales de ataque y defensa), pudieron ser escuchados a través de las paredes. La justicia busca determinar si hubo más personas que entraron y salieron de la vivienda, qué sabían, cómo tomaron conocimiento de los hechos y por qué no contribuyeron con la investigación en sus etapas iniciales. Finalmente, el proceso judicial se encamina hacia la búsqueda de una certeza que solo una sentencia condenatoria podrá otorgar, aunque por el momento se trabaje bajo el grado de probabilidad propio de la etapa instructoria. La detención de Andreani y Facete refuerza la postura de la familia de que existió una red de contención que permitió que Barelier operara con una sensación de seguridad durante las primeras horas tras el femicidio. Para el Dr. Nayi, es fundamental que la investigación sea exhaustiva y no deje cabos sueltos, ya que la brutalidad del crimen de este «angelito», como llamó a Agostina, exige una respuesta judicial que abarque todas las escalas de responsabilidad, desde el autor material hasta aquellos que, con su silencio y colaboración logística, intentaron que el horror quedara oculto para siempre. Navegación de entradas Urgente: buscan a Luciana Barrios de 15 años en Colonia Caroya La madre de Agostina a un paso de la cárcel y vínculos narcos que sacuden la investigación