Nota/investigación exclusiva de Vea Noticias El escenario político en Villa Giardino presenta hoy un fenómeno tan inusual como alarmante: la metamorfosis de un intendente en una figura de aislamiento absoluto. Lo que comenzó como la gestión de Jorge Soria se ha transformado, en apenas dos años, en un ejercicio de supervivencia personal tras la pérdida de casi el 90% de su equipo de trabajo original. No estamos ante un recambio de piezas habitual en cualquier administración, sino ante un éxodo masivo que plantea una interrogante fundamental sobre la viabilidad del poder: ¿cómo puede sostenerse un municipio cuando quienes deben ejecutar las políticas públicas deciden, de forma casi unánime, abandonar el barco? La salida de Guillermo Palma, quien se desempeñaba como Secretario de Gobierno, ha sido el golpe de gracia para una estructura administrativa que ya mostraba grietas terminales. Palma no es un funcionario más; es el segundo titular de esa cartera que renuncia en apenas dos años de mandato. Esta dimisión confirma una estadística demoledora: casi la totalidad del gabinete que inició el mandato con Soria ha dejado sus puestos, dejando al Ejecutivo en un estado de parálisis operativa de facto. Para un analista, este nivel de rotación implica algo más que inestabilidad; es la pérdida total de la memoria institucional. Al respecto, el presidente del Concejo Deliberante, Germán Flores, fue lapidario al diagnosticar la situación: “Tiene gravísimos problemas de gestión. ¿Cómo se explica que le haya renunciado casi el noventa por ciento del gabinete?” La fragilidad de Soria se extiende peligrosamente hacia el Concejo Deliberante, donde el aislamiento se siente como un vacío de oxígeno. La renuncia de Palma genera un efecto dominó debido a su vínculo personal con la concejal Sofía Scandaliaris, su pareja y, hasta hoy, la única representante oficialista que le queda al intendente. Si Scandaliaris decide dar un paso al costado del bloque —un movimiento que en los pasillos municipales ya se da por descontado—, Soria se convertiría en el primer intendente en la historia de Punilla en gobernar sin un solo concejal propio. La oposición, mientras tanto, observa el espectáculo desde la platea con una calma estratégica. Aplican a la perfección la máxima napoleónica: «Si el enemigo se equivoca, no lo corrijas». Sin tropa propia, cada ordenanza o presupuesto quedará a merced de una oposición que ya no necesita confrontar para ejercer el control total. El desorden político tiene su correlato exacto en las arcas municipales, sumidas en un caos financiero. Los datos son elocuentes: hasta diciembre del año pasado, el índice de cumplimiento fiscal era crítico, con apenas un 30% de la población pagando sus impuestos. Sin un plan económico a la vista y con deudas acumuladas, el municipio ha perdido lo más valioso para cualquier administración: la confianza de sus proveedores. Hoy, a la municipalidad de Villa Giardino «nadie le da fiado». Este corte total del crédito ha generado consecuencias directas en los servicios básicos. Resulta paradójico que Soria, habiendo sido Secretario de Salud en la gestión anterior de Omar Ferreyra, presida hoy una administración donde los centros asistenciales carecen de medicación básica para los vecinos. Por otra parte, la flota vehicular municipal no solo está rota; está siendo «descartada». Al no contar con repuestos ni talleres que acepten el crédito municipal, las unidades que se averían quedan abandonadas, reduciendo la capacidad de respuesta ante las necesidades del pueblo. La vacante dejada por Palma en la Secretaría de Gobierno ha desatado una pugna interna donde los intereses personales parecen primar sobre la urgencia institucional. Los nombres en danza reflejan la profundidad de la crisis: Andrea Abratte, el actual Secretario de Cultura, y el Sr. Delseme, actual asesor privado del intendente. Sobre este último, las fuentes internas describen a una persona que busca el poder de manera desesperada para perpetuarse en el municipio. Sin embargo, el camino hacia una solución es estrecho: existen nombres con experiencia previa en el cargo de Secretario de Gobierno, pero las asperezas y rifts con el actual intendente son descritos como «irreparables». Esta parálisis, alimentada por un exceso de egos y desconfianza mutua, impide que Soria pueda rearmar un equipo de gestión mínimamente funcional. Hoy, la gobernabilidad en Villa Giardino no descansa sobre la fortaleza del intendente, sino sobre la prudencia de una oposición que garantiza la institucionalidad casi por descarte. Germán Flores ha sido claro: no avanzarán con un juicio político porque sería una «irresponsabilidad» y prefieren respetar el voto popular. Es una estabilidad prestada, donde el intendente sobrevive porque sus adversarios deciden no darle el empujón final. La pregunta que queda en el aire es cuánto tiempo puede resistir un gobierno con una hemorragia de confianza tan severa. ¿Es posible reconstruir el poder cuando se ha perdido el equipo, el crédito y el apoyo legislativo? El futuro de Villa Giardino pende de un hilo, en una soledad política que suele ser el preludio de los finales de ciclo prematuros. Navegación de entradas Trabajos de mantenimiento en la red eléctrica afectan a varias localidades Punilla fue el segundo departamento con más robos y hurtos de Córdoba durante el primer trimestre de 2026