El 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, establecido por la OMS para concientizar sobre este complejo problema de salud pública. Bajo el lema del periodo 2024-2026, «Cambiar la narrativa», se busca reducir el estigma mediante conversaciones abiertas. El color amarillo, símbolo de esta fecha, representa la esperanza y recuerda que el suicidio es prevenible con intervención temprana. En el Valle de Punilla, esta problemática cobra una relevancia crítica debido a que la región registra índices estadísticamente muy preocupantes dentro de la provincia de Córdoba. El silencio que rodea al tema no es casual, sino que responde a una combinación de dinámicas culturales, sociales y geográficas de comunidades medianas y pequeñas. El desafío de los vecinos consiste en romper este cerco invisible para empezar a cuidar a los sectores más vulnerables. Las estadísticas más recientes de 2025 y lo que va de 2026 confirman que la tendencia ascendente de muertes autoinfligidas se mantiene en Punilla. En un relevamiento específico de alarmas provinciales, el departamento Punilla concentró un preocupante pico de 7 casos mensuales. Esta cifra superó individualmente a la propia Ciudad de Córdoba, que registró 4 casos, evidenciando la agudeza del índice local. A nivel provincial, la tasa de suicidios cerró el año 2025 en 9.9 casos por cada 100.000 habitantes, sumando 371 fallecimientos en total. Durante el primer semestre de 2026, se mantuvieron registros alarmantes con un promedio de casi un caso por día en territorio cordobés. El análisis histórico del Poder Judicial revela que, en la primera circunscripción, la zona de Punilla-Carlos Paz concentró 55 casos consumados en la última mitad de la década analizada. Este preocupante escenario regional se alinea con una crisis de salud mental que afecta a la Argentina a nivel federal. Durante el año 2025, el país registró un récord histórico con 5.209 muertes por suicidio, reflejando un incremento del 22.6% interanual. El suicidio se consolidó así como la principal causa de muerte no natural en jóvenes de entre 15 y 34 años a nivel nacional. El perfil de las víctimas muestra vulnerabilidades marcadas por el género y la edad, según los últimos informes oficiales disponibles. El 78% de las muertes consumadas en la provincia corresponden a varones, quienes suelen recurrir a métodos más letales. Sin embargo, las mujeres registran el mayor porcentaje en lo que respecta a intentos no consumados, alcanzando el 61% de las estadísticas. El fenómeno impacta severamente a los jóvenes de la región, pero también registra tasas de gran preocupación en adultos mayores. Mientras que en adolescentes se observa un rejuvenecimiento en las tasas de riesgo, los mayores enfrentan aislamiento social y dolores crónicos. En las localidades serranas, el machismo y la llamada «cultura del aguante» obligan a muchos varones a transitar su crisis en total soledad. La condición de Punilla como un paraíso turístico genera una contradicción cultural que dificulta la aceptación pública de este sufrimiento. Al estar asociada al descanso, la paz y la naturaleza, existe una fuerte resistencia social a vincular la región con la depresión. Este sesgo de negación comunitaria e institucional hace que las familias prefieran ocultar o camuflar los intentos para evitar el chisme local. El silencio coordinado de medios de comunicación, intendencias y policías responde a directivas, resguardos legales e intereses locales. Por un lado, las autoridades evitan difundir estos casos por el temor clínico al «Efecto Werther» o imitación por parte de personas vulnerables. Los manuales de ética desaconsejan tratar estos hechos como noticias policiales comunes para preservar a las familias de los supervivientes. Por otro lado, los protocolos judiciales estipulan que todo deceso de este tipo se caratula preventivamente como «Muerte de Etiología Dudosa». La policía tiene prohibido filtrar información pública hasta que las pericias descarten de manera oficial cualquier hipótesis delictiva. Además, las intendencias cuidan la imagen turística de sus ciudades y evitan responder políticamente por la falta de infraestructura local en salud mental. La estrategia actual busca transformar este silencio en una visibilización responsable que eduque a la comunidad sin recurrir al morbo. Mientras que la crónica policial del hecho trágico debe evitarse, es urgente difundir las herramientas de prevención y contención. El Programa Provincial de Prevención del Suicidio capacita a las comunas para que hablar de salud mental salve vidas gracias al «Efecto Papageno». Reconocer las señales de alerta de manera temprana es el primer paso indispensable para que cualquier vecino pueda salvar una vida. Es fundamental prestar atención cuando una persona verbaliza frases como «desearía no haber nacido» o «quiero desaparecer». El aislamiento repentino, el descuido personal y el abandono de actividades que antes se disfrutaban son indicadores clave de una crisis. Otras señales críticas incluyen cambios drásticos en el comportamiento, como regalar pertenencias muy queridas o despedirse inesperadamente. Pasar de una profunda tristeza a una calma repentina puede indicar que la persona ya ha tomado una decisión extrema. El incremento en el consumo de sustancias y las autolesiones visibles obligan a una intervención familiar e institucional de urgencia. Acompañar sin juzgar, escuchar de manera activa y preguntar directamente sobre la situación son los pilares de la ayuda en crisis. Existe el mito erróneo de que preguntar sobre el suicidio fomenta el acto, pero la ciencia demuestra lo contrario. Preguntar «¿estás pensando en hacerte daño?» reduce la ansiedad de la persona al sentir que su dolor es tomado en serio. La prestigiosa licenciada en psicología Andrea Farrando Delogu, asesora de VEA Escuelas, aporta una mirada fundamental sobre esta compleja problemática. Ella sostiene que detrás de cada pensamiento suicida reside una profunda historia de sufrimiento que exige ser escuchada con empatía. Según sus aportes, la prevención real comienza cuando nos enfocamos en comprender cuánto dolor está soportando la persona afectada. Farrando Delogu también enseña que el individuo en crisis no siempre busca la muerte, sino detener un dolor insoportable. Los adultos deben aprender a escuchar tanto los silencios como los cambios conductuales de los jóvenes, aun cuando se disfracen de indiferencia o enojo. Para la profesional, pedir ayuda es un acto de valentía que requiere de una sociedad libre de juicios estigmatizantes. En este marco de acción comunitaria se destaca el programa VEA Escuelas, impulsado por la red Vecinos en Alerta. Este proyecto vecinal diseña programas y talleres escolares orientados a visibilizar y prevenir el suicidio, el bullying y el grooming en la región. La iniciativa ofrece guías descargables, capacitaciones gratuitas y herramientas para consolidar redes de apoyo efectivas. Es fundamental aclarar que el programa VEA Escuelas no constituye una entidad oficial ni reemplaza al sistema formal de salud pública. Se trata de un proyecto netamente orientativo, informativo y de concientización vecinal para dotar de herramientas a la comunidad serrana. El objetivo es construir esperanza y generar vínculos protectores donde el vecino aprenda a detectar señales a tiempo. Para recibir ayuda o asesoramiento inmediato ante una situación de crisis, los vecinos disponen de canales de asistencia permanente. Se puede llamar de manera gratuita y las 24 horas del día a la Línea de Crisis nacional marcando el 135. En la provincia, se puede acudir a las guardias del Hospital Domingo Funes en Santa María de Punilla o del Hospital Gumersindo Sayago en Carlos Paz. Navegación de entradas Fin de una era en Villa Giardino: tras 84 años, se retiran las Hermanas de la Virgen Niña del Colegio Micono El regreso más esperado: León XIV en Córdoba busca movilizar a 600 mil fieles con un ejército de voluntarios