A día de hoy, 25 de julio de 2026, el Hospital Municipal de La Falda se encuentra sumergido en una crisis estructural que parece no encontrar un puerto de solución, arrastrando más de 14 meses de incertidumbre institucional. Lo que comenzó en abril de 2025 como dificultades operativas en el área de anestesiología ha derivado en un desmantelamiento sistemático de servicios esenciales para la comunidad. Este centro asistencial, con más de 60 años de trayectoria, ha pasado de ser un faro sanitario regional a un edificio que simboliza la desidia política y la falta de transparencia administrativa. La problemática central radica en el cierre del quirófano y la suspensión de los servicios de obstetricia y ginecología, áreas que históricamente garantizaban cerca de 250 nacimientos anuales. El Dr. Fabio Mennitte, Secretario de Salud de la localidad, ha justificado estas medidas basándose en el incremento de costos operativos y la falta de pago a profesionales, especialmente anestesistas. Sin embargo, esta explicación técnica no logra mitigar el profundo impacto social que genera la deriva de pacientes hacia otros centros de salud colapsados. El impacto en la salud pública trasciende los límites de La Falda, afectando a vecinos de Casa Grande, Huerta Grande, Villa Giardino, La Cumbre y Capilla del Monte. Históricamente, el 50% de las consultas atendidas en este hospital provienen de localidades vecinas, lo que le otorga una función regional de hecho. Ante el cierre de prestaciones básicas, miles de ciudadanos del centro y norte del Valle de Punilla quedan desamparados, obligados a trasladarse largas distancias para intervenciones de urgencia. Los trabajadores de la salud han manifestado su agotamiento mediante asambleas y movilizaciones, reclamando por la precarización laboral y el retraso en el pago de haberes. La Dra. Carla Soto, ginecóloga y obstetra, ha advertido con preocupación sobre el camino a la extinción de la salud pública, señalando que los profesionales se ven forzados a abandonar el sistema. Existe una sensación de desprotección absoluta entre quienes deben cuidar a la comunidad, trabajando muchas veces en condiciones de vulnerabilidad extrema. La lucha vecinal ha sido el motor de resistencia frente a este abandono, destacándose la organización de movimientos como «Vecinos por Punilla«, «Autoconvocados La Falda» y la red de prevención «Vecinos en Alerta«. Estos grupos han logrado recolectar más de 1.200 firmas para exigir audiencias públicas y respuestas concretas que nunca terminan de llegar por parte del municipio. A través de panfleteadas en eventos como el Festival Nacional del Tango, han buscado visibilizar un conflicto que la gestión local parece querer silenciar. Los testimonios de los ciudadanos son desgarradores y reflejan una realidad que la política no puede maquillar con promesas electorales. Un vecino, durante una de las movilizaciones, cuestionó duramente al intendente Javier Dieminger, preguntándose en qué momento se pasó de aplaudir a los trabajadores esenciales a despedirlos. El reclamo no es solo por la salud física, sino por la dignidad de un pueblo que ve cómo se rifa su derecho humano más elemental. Desde la esfera política, legisladores como Luciana Echevarría y Cristian Frías han llevado el conflicto a la Legislatura de Córdoba, exigiendo informes precisos sobre el destino de los fondos. Se ha denunciado que la Provincia destina mensualmente sumas millonarias, superiores a los 83 millones de pesos a través del FOFINDES, que no se ven reflejadas en la calidad del servicio. Esta discrepancia numérica alimenta las sospechas sobre la falta de transparencia y la mala administración de los recursos públicos. La sombra de la privatización y la tercerización encubierta sobrevuela el hospital, especialmente tras el polémico convenio firmado con el Centro de Emergencias Médicas (CEM). Legisladores advierten que este acuerdo solo beneficia a quienes acreditan domicilio en La Falda, dejando afuera al resto de los vecinos de la región que solían atenderse allí. Este modelo neoliberal, según denuncian, busca transformar un derecho básico en un servicio arancelado mediante el cobro de bonos prohibitivos para muchos. Los «abrazos simbólicos» al edificio del hospital se han convertido en postales recurrentes de un reclamo que clama por la provincialización definitiva del establecimiento. Los vecinos sostienen que el municipio de La Falda ya no puede, o no quiere, sostener una estructura que cumple funciones regionales. La provincialización garantizaría, en teoría, un financiamiento estable que evitaría el cierre de servicios críticos como el quirófano, cuya operatividad demandaría unos 30 millones mensuales. A pesar de la gravedad, la administración de Javier Dieminger se ha caracterizado por una apatía comunicacional y una falta de entrega de documentos públicos solicitados. Ni los reclamos de la oposición ni la insistencia de los ciudadanos autoconvocados han logrado que el Ejecutivo municipal brinde cuentas claras sobre el presupuesto sanitario. Esta opacidad genera un clima de desconfianza total, donde el dinero de los impuestos parece diluirse sin llegar nunca a las guardias médicas. Incluso las iniciativas solidarias, como los festivales y peñas organizadas para recaudar fondos para paneles solares, han quedado bajo la lupa de la sospecha vecinal. Los ciudadanos exigen saber con exactitud cuánto dinero se recaudó en estos eventos y por qué todavía no se ven mejoras tangibles en la infraestructura hospitalaria. Es alarmante que la comunidad deba recurrir a la caridad para intentar salvar un hospital que debería ser sostenido por el Estado. La respuesta del gobierno provincial de Martín Llaryora tampoco ha estado a la altura de las circunstancias, limitándose al anuncio del envío de dos ambulancias. Para los «Vecinos por Punilla», esta medida es a todas luces insuficiente y no ataca la raíz del problema: la falta de médicos y servicios de complejidad. Mientras se anuncia con bombos y platillos un nuevo hospital regional en Villa Carlos Paz, el centro y norte de Punilla sufren un abandono sistemático. El tiempo transcurrido, más de un año sin soluciones reales, ha desgastado la paciencia de una población que ya no acepta excusas presupuestarias. El Dr. Mario, profesional de la salud, destacó en una movilización que el colapso sanitario es total y que la falta de sensibilidad política es evidente. Los jubilados, uno de los sectores más vulnerables, también se han sumado al reclamo, viendo cómo su salud se deteriora ante la falta de medicamentos y atención. La falta de un hospital provincial en el eje Santa María – Cruz del Eje obliga a los vecinos a depender de un transporte público deficiente para buscar atención. Aquellos que no tienen movilidad propia se ven atrapados en una zona donde enfermarse es un riesgo de vida debido a las distancias. Esta desconexión entre la realidad de los vecinos y las prioridades de los gobernantes es lo que el movimiento vecinal denuncia como «vivir en Suiza» desde los despachos. La municipalización del hospital, decidida hace tres décadas, es hoy vista como un error histórico que condenó al establecimiento al desfinanciamiento actual. El intendente Dieminger es señalado como el responsable de dar el «puntapié de cierre» a una historia de servicio público que fue ejemplo en la provincia. La comunidad pide que el Consejo Deliberante reflexione y deje de avalar el achicamiento de un sistema que ya no resiste más ajustes. Este abandono sistemático no solo afecta a las cirugías programadas, sino que sobrecarga a otros hospitales como el Domingo Funes, creando un efecto dominó de ineficiencia. Al no poder resolver patologías simples en La Falda, los pacientes terminan saturando centros de mayor complejidad, aumentando la morbimortalidad en la región. La lógica de la eficiencia que pregona la provincia no parece aplicarse a las necesidades básicas de las madres y niños de Punilla. Es imperativo que el municipio de La Falda abandone su postura defensiva y comience a publicar los informes que la sociedad demanda con urgencia. La transparencia no es una opción, es un deber democrático que esta gestión ha ignorado sistemáticamente durante los últimos 14 meses. Los números que «no cierran» deben ser expuestos y debatidos en una audiencia pública real, con participación de todos los actores sociales involucrados. La lucha por el Hospital de La Falda es, en definitiva, la lucha por el derecho a la vida y a la salud de todo el Valle de Punilla. Los vecinos han demostrado que no bajarán los brazos y que seguirán custodiando el edificio frente a cualquier intento de privatización final. La apatía estatal solo ha logrado fortalecer los lazos de solidaridad entre los habitantes de las diferentes localidades que dependen de este centro. Como periodistas, nuestro rol es dar visibilidad a esta situación crítica que las autoridades prefieren ocultar tras discursos de falsa estabilidad. No podemos permitir que el silencio administrativo se convierta en el acta de defunción de la salud pública regional en el corazón de nuestra provincia. La Falda necesita su hospital funcionando al 100%, con quirófanos abiertos, sueldos dignos y una administración transparente que rinda cuentas a su pueblo. La salud no espera los tiempos de la política ni los baches de la burocracia, se juega en el día a día de cada vecino que llega a la guardia. Es hora de que el intendente y el gobernador escuchen el clamor de un Punilla que se niega a quedar en el olvido sanitario. La regionalización del conflicto es un hecho irreversible que debe derivar en una solución política integral, lejos de los parches temporales que se han aplicado hasta ahora. El hospital es de todos y su defensa no pertenece a ningún partido político, sino al sentido común y a la humanidad más básica. Seguiremos informando y exigiendo la verdad, porque una sociedad que no cuida a sus enfermos es una sociedad condenada al fracaso. Finalmente, hacemos un llamado a la reflexión a todos los vecinos para que se acerquen a los próximos abrazos simbólicos y exijan la apertura de los servicios cerrados. La fuerza de la comunidad organizada es la única herramienta capaz de frenar el avance del experimento privatizador que amenaza con destruir lo que tanto costó construir. El Hospital de La Falda es el corazón de Punilla, y es nuestro deber evitar que deje de latir por la negligencia de unos pocos. Navegación de entradas La Falda: que se sabe de los dos hombres que aparecieron muertos en las vías del tren